Mostrando las entradas con la etiqueta memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta memoria. Mostrar todas las entradas

2 de agosto de 2009

Un recorrido por los sitios de la memoria política y social de Rosario.



Bajo la hierba Territorios, ciudad y memorias

Muestra realizada por el Museo de la Memoria que propone un recorrido por los sitios de la memoria política y social de Rosario.


"Todas las ciudades pueden ser vistas como poderosos palimpsestos. Capa sobre capa, el paso del tiempo va dejando sus marcas sobre la infinita epidermis urbana. En nuestro andar cotidiano, solo si nos detenemos con paciencia y disposición podremos advertir el espesor histórico de cada uno de los múltiples fragmentos que conforman parte de eso que llamamos ciudad."
Rubén Chababo.

Hasta el 20 de agosto en el Museo de la Memoria
(Aristóbulo del Valle y Callao)

Más información en:
http://www.museodelamemoria.gov.ar/muestras-bajo-la-hierba.htm

29 de octubre de 2008

Arqueología de la ausencia en Rosario




Muestra itinerante de Lucila Quieto.
Fecha: desde el 24 de octubre de 2008

Esta muestra logra atrapar con sus montajes fotográficos un tiempo que no existe, crear momentos irreales en los que hijos y padres separados por la muerte, el secuestro o la desaparición posan juntos por primera vez.
Quieto aprendió a mirar como si buscara; a enfocar en el blanco hasta que se imprima el trazo móvil que guían los relatos, el deseo de que el tiempo transcurra más acá del instante, que tienda la mano para cubrir esos ojos que miran interrogando sobre lo posible arrebatado. Esa es la chance que le dieron las fotos: un momento capturado al que se puede interrogar para que conteste por la música que sonaba de fondo, el olor de la comida que se ve detrás, el color de unos pantalones, la temperatura del agua en esa playa.
"Siempre me gustó mirarlas", dice y es fácil imaginar a la niña que fue revolviendo las pocas fotos de su padre y rearmándolas para que cuenten algo más que esa anécdota que se cerraba en la toma. Que le cuenten, por ejemplo, quién hubiera sido ella si no hubiera tenido que esperar 17 años antes de inscribir el nombre del padre en el documento de identidad. Que le cuenten de qué se trata la identidad que forzosamente se enhebra y se despliega sobre el blanco de la ausencia. Algo faltaba siempre en esas fotos: faltaba la progresión del tiempo ajando los rostros, angostando los pantalones, afeitando, tal vez, ese bigote para siempre hirsuto en el tiempo quieto de la imagen estática.
Veinticinco años, dice ella, ese es el tiempo que le tomó la gestación de "otra foto". Ya que no hubo un crecer al reparo, Lucila asume la violencia de la falta y se interpone ella misma en un acto abrupto ahí donde quería estar. Fuera de tiempo, fuera de espacio, ni el tiempo de la toma ni el de superposición. El rompecabezas se arma y se desarma. Subyace la búsqueda: "unir lo que estaba destinado a quedar separado", dice ella. Pero también la de desarticular la imagen hasta que olvide lo que era para ser ella la que la provoca y la convoca, quien la haga hablar y contar: de qué se trata una sonrisa, con qué materiales se fragua el amor, por qué el amor y no otra cosa arma una familia entre los que están y los que no están, entre quienes se detuvieron en el tiempo y quienes mutan.
En el intervalo de la ausencia Lucila Quieto arma su guarida y desde allí tira sus lazos como quien busca entre las especies un rebaño de indómitos ejemplares que parecen domesticarse a su designio pero, como en todo rompecabezas, se desarman y se fugan para darle la oportunidad de seguir buscando la pieza que, en definitiva, será la obra. O la vida misma.


Museo de la Memoria
Secretaría de Cultura y Educación
Aristóbulo del Valle 2650
Rosario, Argentina
(0341) 480-4511 (int. 231)





26 de marzo de 2008

Autores ideológicos - Muestra




24 de marzo de 2008, 32 años después...


Mientras espera tomar posesión, a fines de este año, del edificio que perteneció al Comando del II Cuerpo del Ejército y posteriormente devenido Confitería, el Museo de la Memoria, iniciativa municipal bajo la premisa “Dictaduras, nunca más”, presenta la muestra “Autores ideológicos” de los artistas plásticos Omar Estela, Marcelo Montanari, Javier Bernasconi, Marcela Oliva y Luciano Parodi.


La misma consiste en la “deconstrucción” de un Ford Falcon modelo 78 que fuera adquirido por los artistas en una subasta de bienes pertenecientes a la Policía Bonaerense. El auto, verde en su color original, fue usado para tareas operativas del gobierno golpista, y guardaba en su baúl un viejo uniforme de policía de aquel entonces, que fue robado del taller de los artistas, según nos cuenta la guía del Museo.


El auto destripado, abierto, mesurado, empalado en el museo y pintado de impactante blanco fantasmal, pretende ser una autopsia tangible de reconocimiento, detalle a detalle, circuito a circuito, de los mecanismos genocidas de la última dictadura.


Ver imágenes en:



19 de mayo de 2007

Cómplices en el arte y la reflexión

Horacio Zabala expone en la Fundación Alon y comparte con Roberto Elía la muestra Conjunciones y disyunciones en la galería El Borde. La coincidencia es más conceptual que de tiempo y lugar: su afinidad tiene que ver con la libertad con que crean sentido.



«Un día de 1972 el artista arquitecto Horacio Zabala tomó un trozo de papel, lo plegó cuidadosamente en cuadrados hasta dejar en él las marcas imperceptibles de una reja, luego lo desplegó y escribió en español y en inglés: "Este papel es una cárcel". Una fotografía —estratégicamente elegida, como tapa del catálogo de la muestra que se exhibe en la Fundación Alon— registró ese acto en apariencia banal.
La acción sin embargo, revela muchas cosas que podrían explicar no sólo el propio derrotero de la obra de Zabala, desde entonces al presente, sino también las afinidades estéticas que comparte con Roberto Elía, su compañero en Conjunciones y disyunciones, otra exhibición que puede verse en estos días, concebida por la curadora Danielle Perret para la galería El Borde.
En los años 70, la lapidaria frase resumía un estado de cosas y al mismo tiempo marcaba un punto de partida. El papel, o lo que es lo mismo, el plano que por siglos había acotado la mayor parte de las expresiones del arte, se revelaba como una limitación.
Así, tanto Zabala como Elía habrían de trabajar fuera de él pero sin abandonarlo, al punto de reservarle un protagonismo en sus obras futuras, marcadas una y otra vez por el acto íntimo de escribir o dibujar.
El punto común entre ambos es la libertad con que se dirigieron al universo de las cosas a su alrededor para dotarlas de sentidos distintos del habitual. O sea, el mero ejercicio de una mirada poética, que como sugiere Danielle Perret, los habilitó para tomar "cualquier materia prima insignificante y convertirla en una elaborada materia significante". Así Elía, que a comienzos de la década del 70, se valió de un modesto broche de ropa para armar un vasto sistema de signos que aluden al hombre, sus herramientas fundamentales y sus hábitat, aquí coloca una silla frente a un rincón virtual y un plato con una coma impresa, como para desafiar al espectador a desentrañar el sentido de esas cosas y las palabras, cuyo significado se empeña en disolver en grandes trazos de tinta sobre tela que evocan dibujos chinos.
Zabala dialoga con esa tradición al armar un friso de ramas doradas que evocan la V de la victoria, un signo de dilatada trayectoria en la política argentina. Sin embargo su novedad es el contrapunto entre la pintura y la lectura, viejas afinidades del artista que en esta muestra aparecen mediadas por el universo de los objetos.
Quizá la complicidad entre Elía y Zabala haya comenzado en ese punto que les permitió entrar y salir a su arbitrio del plano cárcel en los años que preceden a este encuentro. Una fuga que no fue fruto de un impulso sino de la profunda intimidad reflexiva que practican ambos.
A esa actitud silenciosa, propia del ser artista que se vuelca sobre sí mismo, refieren los "Anteproyectos Tzinacán I y II", de Zabala (1975). Estas obras integran la muestra de la Fundación Alon, como parte de los anteproyectos de cárceles, mapas intervenidos y objetos, que Zabala realizó entre 1972 y 1978 y refieren críticamente a la institución arte pero al mismo tiempo se encuentran atravesados por la situación convulsiva de la época.
Tanto los anteproyectos de cárceles para artistas, como las huellas de sus acciones y las intervenciones en mapas que Zabala empezó en 1972 y presentó por primera vez en el CAYC al año siguiente, forman parte de un corpus conceptual crítico que asume una particularidad latinoamericana. Como bien señalan María José Herrera y Fernando Davis, en los ensayos del catálogo, éstas (y otras obras como las de Bony, Grippo, Ferrari o Tucumán Arde, entre otros) marcan desvíos que introducen contenidos sociopolíticos con relación a los modelos del conceptualismo británico y estadounidense, más concentrados en formalidades lingüísticas.
Aunque en estos trabajos Zabala se vale de los códigos de representación propios de la arquitectura y la cartografía, su intención es claramente desordenadora. Ya la propia idea de cárcel, que instala en su papel escrito del 1972 como una reflexión sobre los problemas internos del arte, aparece irremisiblemente contaminada por la visión foucaultiana que deja al descubierto el verdadero sentido de las arquitecturas de control.Es escalofriante pensar en el carácter premonitorio que tuvieron primero sus anteproyectos de Cárceles flotantes para el Río de la Plata y Cárceles subterráneas y luego sus mapas de una Argentina De-formada o, si se quiere, vaciada y empaquetada.
Ana María Battistozzi.


Tomado de: http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/05/19/u-05211.htm